Fíjate en el poder que consigues cuando vives el presente, cuando no te preocupas por cosas que están por llegar, y que ni siquiera podrías imaginar.
Si llevo diciendo hace tiempo que las cosas han cambiado, ahora por fin, empiezo a notarlo.
Se nota en la forma de mirar las cosas, en la forma de aceptar los disgustos o los contratiempos. Se combaten aceptándolos, y valorándolos en su justa medida, porque no sirve de nada perder el tiempo llenando tu cabeza de problemas tales como: "¿qué dirán?" "¿y ahora qué hago?" "¿por qué hace eso?"
Todas esas preguntas son inútiles, porque no es posible saber a ciencia cierta porqué sucede una cosa y no otra, y lo mismo con las motivaciones que tienen las personas que te rodean para llevar a cabo tanto buenas acciones inesperadas como acciones que no tienen lógica y de marcada estupidez.
Me gusta pensar en que cuantas menos preocupaciones invadan tu mente, más feliz, o más posibilidades de serlo tendrás, y por eso no es de extrañar que esté en un estado de indiferencia general, en el que se observan los hechos, pero no se entra a valorarlos.
2012 está a la vuelta de la esquina, y este año, tanto si es el último de la historia como si no, me he propuesto cambiar mi vida de arriba a abajo. Y todo empieza por ser capaz de darle la importancia real a los acontecimientos que se suceden a tu alrededor para evitar el desgaste, ese desgaste que tienen personas de todas las edades marchitando su alma y destruyendo su ilusión.
Dicen que el tuerto es rey en un mundo de ciegos, y aplicado al caso, el que espera lo justo y necesario, se decepcionará menos, y por tanto, será más feliz.
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jueves, 22 de diciembre de 2011
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