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lunes, 8 de julio de 2013

Escapar, o no escapar.

"Cuando la noche se apagó, seguía sin entenderlo.

Durante muchos años había imaginado el transcurso de una vida sencilla en lugar donde nació. La felicidad basada en la sencillez junto a las personas importantes.

Pero como ya se sabe, los planes se deshacen como la arena entre nuestros dedos antes de lo que imaginamos.

Ahora, sólo deseaba escapar.

A medida que avanzaba hacia su hogar, menos sentía que estaba en el lugar apropiado. Tal vez la tortilla se hubiera dado la vuelta demasiadas veces.

No encontraba ese confort y esa calidez vital imaginadas en los tiempos en los que todavía ignoraba la naturaleza real del mundo. No encontraba con quien enfrentarse a sus temores. Alguien con quien escapar. O tal vez si. No había manera de saberlo en aquel momento.

Se detuvo frente a las proximidades de un puente que atravesaba lo que antaño era un pequeño riachuelo que se volvía caudaloso durante el invierno. Extrajo de su funda una veterana guitarra, se encaramó a la valla que evitaba una caída de altura considerable. Tocar le ayudaba a pensar.

Arrancó varios arpegios del instrumento mientras el amanecer se cernía sobre él. Aquel ser solitario se había aficionado a contemplar la salida del sol.

Había tomado una nueva decisión. No era un mal comienzo."

miércoles, 3 de julio de 2013

Aguardando el momento.

"Una fría brisa se filtraba a través de la ventana del salón principal del torreón. El miraba a los invitados sin prestar atención, pero en el fondo no dejaba de pensar en cuando llegaría el momento.

El rey se consideraba así mismo un hombre justo y ecuánime, que trataba de mantener el difícil equilibrio entre sus súbditos y aliados a cada momento. Sin embargo, pese a sus esfuerzos, sabía de buena mano que le deseaban el mal. Lo que más le molestaba era que no hallaba motivación alguna para ello.

En su mente la respuesta parecía cobrar forma: la envidia, o mejor dicho, una mezcla de envidia y admiración. Deseaban los logros conseguidos; tener el poder de decisión que tenía, así como sus éxitos. Intentaban arrebatarle incluso a sus ex-amantes en secreto, como si con ello estuvieran más cerca de su posición o de hacerle daño. Detestaban tener que estar al cobijo de su sombra para que pudieran sentirse importantes y tener opciones a conseguir otros privilegios.

No era un monarca estúpido o inocente. Sabía de historias de vasallos traidores que habían asesinado o usurpado el trono de sus señores. Algunos se atrevían a intentarlo hasta durante una cena. Ansiaban usurpar tronos que se habían ganado con trabajo y esfuerzo, no por herencia.

Tras su sonrisa sentado en la mesa, se ocultaba la rabia, la decepción, y el pesar por no entender de donde surgía aquella envidia absurda que con sus regalos y gestos había intentado convertir en una lealtad sincera.
"-¿Qué pensáis hacer ahora majestad? Siento no haberos avisado antes... Pensaba que no tendríais fe en mis palabras-, le preguntó su confidente. -Esperar el momento adecuado, y tener la seguridad de quienes me son leales. Después me ocuparé del resto. -.

Bajo su apariencia regia y pulcra, el monarca aguardaba el momento de corregir esas ofensas. La paciencia y el tiempo suelen dar buenos frutos... Y estaba seguro de que así sería."