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lunes, 4 de febrero de 2013

Cambiando el Chip.

Mi reflexión de hoy versa sobre cómo ciertos cambios en nuestra vida, en realidad no son tan fáciles de adaptar como uno se piensa.

Ocurre algo parecido como cuando uno cree que puede pasar de caminar a correr con sólo haber dado un par de pasos, pero no es tan sencillo; y es que si has estado sentado mucho tiempo sin usar las piernas, acostumbrarse de nuevo requiere paciencia y tesón.

Así sucede con la mentalidad y el corazón. Es muy difícil que un corazón hecho a la soledad de facto, pueda adaptarse a caminar junto a otra persona de nuevo. El chip que tienes está fuertemente implantado.

En ese momento, multitud de preguntas aparecen en tu cabeza. ¿Merece la pena dejar atrás las viejas costumbres que han marcado tus pautas durante este tiempo?

Creo que si. Cuando llega el momento lo sientes. Lo sientes cuando la tranquilidad y la sencillez aparecen desde que abres y cierras los ojos al final de cada día al lado de la persona adecuada. Esas sensaciones no tienen precio. Alcanzar ese estado vale la pena. Merece ese cambio de mentalidad, porque todo lo que conlleva te llena como

Pasar de andar a correr, a veces es más rápido, y otras más despacio, pero lo importante, es conseguir correr hacia nuestro objetivo... Y acompañados, mucho mejor.

lunes, 16 de enero de 2012

Glacialmente racional.

¿Cuántas veces nos hemos levantado con el pie izquierdo tal como dice el dicho? ¿Cuántas veces hemos desesperado por trivialidades?

Muchas, diría que demasiadas. Cada día lo veo, en la autopista, por la calle, en la televisión. Es ese estrés, ansiedad, angustia o llámase como quiera, que infecta a todo el mundo. Hasta hoy, hasta yo era víctima de esa enfermedad tan de moda en los últimos tiempos, que a muchos lleva a la tumba en forma de infartos, etc.

¿Por qué puedo decir que hasta hoy? Pues porque lo sabes en la forma de reaccionar, ante un imprevisto, una pita, un error ajeno, o uno propio. Las víctimas de tan terrible aflicción, patalean, insultan y se alteran, empleando una desmesurada energía en su enfado, que no sirve absolutamente para nada, salvo para deteriorar la salud.

Si reaccionas fríamente, con templanza, te darás cuenta de que no sirve de nada perder la calma, en ninguna situación. Perder la capacidad de estar tranquilo y de saber la forma correcta de actuar te puede llevar al desastre, en cualquier aspecto de tu vida.

Por el contrario, si eres capaz de ser frío y racional, difícilmente te verás afectado por esa terrible enfermedad que infecta los corazones de las personas, mucho más de lo que realmente pueden imaginar.

Se podría considerar hasta cierto punto una actitud frívola, propia de personas carentes de sentimientos, pero a veces más vale mostrar los sentimientos cuando realmente es necesario, pues no es necesario sacar a relucir dotes teatrales a cada momento para hablar con el corazón.