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lunes, 4 de febrero de 2013

Cambiando el Chip.

Mi reflexión de hoy versa sobre cómo ciertos cambios en nuestra vida, en realidad no son tan fáciles de adaptar como uno se piensa.

Ocurre algo parecido como cuando uno cree que puede pasar de caminar a correr con sólo haber dado un par de pasos, pero no es tan sencillo; y es que si has estado sentado mucho tiempo sin usar las piernas, acostumbrarse de nuevo requiere paciencia y tesón.

Así sucede con la mentalidad y el corazón. Es muy difícil que un corazón hecho a la soledad de facto, pueda adaptarse a caminar junto a otra persona de nuevo. El chip que tienes está fuertemente implantado.

En ese momento, multitud de preguntas aparecen en tu cabeza. ¿Merece la pena dejar atrás las viejas costumbres que han marcado tus pautas durante este tiempo?

Creo que si. Cuando llega el momento lo sientes. Lo sientes cuando la tranquilidad y la sencillez aparecen desde que abres y cierras los ojos al final de cada día al lado de la persona adecuada. Esas sensaciones no tienen precio. Alcanzar ese estado vale la pena. Merece ese cambio de mentalidad, porque todo lo que conlleva te llena como

Pasar de andar a correr, a veces es más rápido, y otras más despacio, pero lo importante, es conseguir correr hacia nuestro objetivo... Y acompañados, mucho mejor.

viernes, 4 de enero de 2013

Año nuevo, vida nueva.

Suena a tópico, pero no lo es tanto. A fin de cuentas es así, aunque para muchos realmente sean palabras vacías.

Es como quien pretende hacer dieta y siempre reitera su intención cada semana diciendo: "el lunes empiezo".

Este 2013 ofrece una buena oportunidad para hacer dieta, pero no en cuanto alimentos, sino de situaciones inútiles y lascivas para el estado de ánimo de uno mismo. ¿Qué sentido tiene enfadarse o mosquearse por cosas que no tiene arreglo? Perder energías en chorradas no merece la pena, y precisamente es una de las principales metas que me he trazado este 2013: vivir tranquilamente y ser lo más feliz posible ahorrándome situaciones adversas.

A veces lo mejor es no hacer nada; permanecer al margen de situaciones de estrés que nos restan felicidad. La fina línea entre la indiferencia total y actuar cuando se debe es difícil de trazar, aunque no soy ni seré el último que piensa que librando sólo las batallas justas y necesarias, se pueden ganar las guerras, o dicho en otras palabras: nervios, los justos.

Trabajar, si, afrontar responsabilidades, si, pero con calma. Bastante corta es ya la vida como para desperdiciarla en nimiedades.

miércoles, 4 de enero de 2012

Año nuevo, buenas vibraciones.

Solamente han pasado cuatro días desde que comenzó el año, y en el fondo de mi ser, se que todo ha cambiado.

Atrás han quedado los días de la pereza, la parsimonía y los tiempos en los que la angustia invadía mi mente con facilidad. En estos cuatro días, he hecho más cosas de las que no hubiera hecho en semanas del año pasado.

Realmente es un momento del que sentirse orgulloso. Poco a poco, las cosas han salido bien, y esta vez, los planes no se han ido a pique como ocurrió antaño, si bien es evidente que no todas las espectativas se verán cumplidas, de momento, las cosas marchan bien.

Sin duda, pienso que todo se debe a un cambio radical de actitud frente a los acontecimientos. Me gusta reiterarlo, porque lo considero de gran importancia, a fin de cuentas, todo el poder está en nuestra mente, que a su vez se traduce en nuestra voluntad. Si contamos con la motivación necesaria, nuestra voluntad será de hierro y conseguiremos lo que nos propongamos.

Tengo muchos objetivos en la cabeza, pero que pueden resumirse bien con los dedos de una mano. Progresar como músico, hasta conseguir un nivel excepcional, completar el curso académico con éxito, lograr la plaza de trabajo a través de las oposiciones, conseguir el estado físico que siempre quise, y finalmente, encontrar por fin a esa persona con la que compartir mi vida.

Ahora mismo, todos van en marcha y a buen ritmo, más que nunca. Estoy ante un momento en el que puedo permitirme ser optimista, incluso tanto como para pensar que los conseguiré todos antes de lo que hace tiempo llegué a pensar.

No hay duda de que habrá que esforzarse, y trabajar duro, sufrir, resistir, pero al final, la voluntad se impone ante la adversidad, el bien, sobre el mal, y después de todo, puede que por fin me sienta realizado.

O por lo menos hasta que sienta la necesidad de seguir expandiéndome y conquistando nuevos retos. Aunque de momento, los que hay, si que son auténticos retos.